Política, Sin categoría

Carta abierta a Felipe González Márquez / Querido secretario General

Estoy algo molesto contigo pero no veas en mis palabras laudatorias ironía ni mala leche. Mi admiración hacia tu trabajo es sincera. El «querido» del saludo también lo es.

Cuando los libros de historia hagan un repaso de los personajes más relevantes del siglo XX español estoy seguro de que ocuparás en la lista un lugar más que relevante. Además, sospecho que hasta tus más acérrimos detractores, en privado, son capaces de reconocer tu trabajo, tu valentía, el hecho de que fuiste el principal artífice de que España sea lo que hoy es (también para mal) y hasta de tus errores, que los hubo, generaciones de líderes políticos de todos los países del mundo pueden y deben aprender.

Lo de «personajes más relevantes del siglo XX» no ha sido un error ni un desliz. ¡Vaya siglo XXI nos estás dando, compañero! Sin puesto orgánico pero sin dejar de enredar, conspirar, opinar, orientar públicamente a la actual dirección del Partido…

Sin entrar en demasiadas cuestiones de detalle, admito sin pudor que no suelo estar de acuerdo contigo en tus manifestaciones públicas. Nada tiene eso de malo. La familia socialista, de la que tú y yo formamos parte, siempre se ha caracterizado por la diversidad dentro de un marco general que respetamos pero, ¿sabes qué pasa? Que incluso quienes mantenemos diferentes puntos de vista de los que sueles expresar queremos quererte y seguir hablando de ti con respeto en vez de acordarnos de aquella célebre frase del anterior Jefe del Estado frente a un mandatario extranjero.

Creo que fuiste tú quien acuñó aquel símil del jarrón chino que con tanta fortuna se ha instalado en la cultura popular. El problema es que el impudor con el que tú y algunos miembros de tu equipo usáis vuestro predicamento mediático para intentar influir en las decisiones de un partido –dos, en realidad– nos acerca a desear empaquetar el jarrón y arrinconarlo en lo más oscuro del trastero en lugar de lucirlo con orgullo, como corresponde.

De ninguna de las maneras se me ocurrirá decir que no tienes/tenéis derecho a «decir cosas». Hasta tu añejo colaborador José Luis Corcuera, al que escuché el otro día con una vergüenza infinita en un medio de extrema derecha, tiene derecho a soltar los exabruptos que le brotan. Exactamente tenéis el mismo derecho que este modesto diputado catalán posee para deciros que me parece desleal intentar influir en decisiones desde fuera, especialmente en estos momentos en que nuestros partidos, PSOE y PSC atraviesan su momento más delicado desde aquellos días de Isidoro en Suresnes.

No nos lo merecemos pero, sobre todo, no os lo merecéis. España tampoco se merece tener a sus figuras más señaladas, admiradas y queridas revolcándose en el fango del debate público pero, siendo honestos, ¿sabes quién no se merece esto? Tu secretario general y mi primer secretario, que bastante tienen con bregar con los órganos del partido (¿qué te voy a contar que no sepas?) como para encima desayunarse día sí, día también, con declaraciones de personajes a los que el pudor y la falta de marco orgánico –democrático– les hacen imposible responder.

Imagino que es difícil ser un jarrón chino. Supongo que duele ver a nuestro alrededor decisiones o proyectos de decisión con los que estamos en desacuerdo. Me malicio que la tentación de ser cómplice de las confabulaciones de algunos amigos (pienso en uno en concreto, de la Real Academia Española) es grande. Pero sé que ninguna de estas dificultades y tentaciones son mayores que la grandeza que has demostrado tantísimas veces para con España y el Partido.

Deja de enredar.