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¡Cómo está el país!

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[…] podré desengancharme de estas tertulias,

de estos comentaristas y de la impresión, acertada o equivocada,

de que el principal enemigo a abatir es Pedro Sánchez,

que como todo el mundo sabe es el responsable de la «pertinaz sequía»

y el bicho que pico al tren…

(Leído en Facebook en el muro de un militante socialista)

Debo admitir que la tentación de haber titulado esta columna «¡Cómo está El País!» es grande. La prensa progresista, incluso la independiente, arrasada por el escaso apoyo institucional y las grandes corporaciones de comunicación, desapareció hace muchos años de los quioscos. Da la sensación de que para mucha gente la libertad de prensa es un valor supremo pero siempre y cuando, quien la ejerce, sea «de los míos».

Incluso dentro de los «nuestros», no nos son ajenas las recias peleas entre grupos empresariales que se sentían más cerca de Moncloa (cuando esta era ocupada por Zapatero) y quienes se escoraban más hacia otra opciones socialistas.

La prensa conservadora tampoco ha sido ajena a los conflictos entre el Grupo Planeta, Unidad Editorial, Vocento etc.

En lo que se refiere a televisiones, generalistas y de pago, así como a licencias de utilización del espacio radioeléctrico –emisoras de radio– las peleas también han sido constantes y todas ellas con un elemento común. Jamás las divergencias entre distintos grupos han sido de carácter ideológico sino puramente comercial. La libertad de expresión se ha entendido como un negocio y cada uno intenta hacerse con la parte del pastel más grande posible.

El «diario independiente de la mañana», referencia en España de la socialdemocracia –y referencia de la prensa de calidad en todo el mundo de habla hispana– durante décadas, ha adoptado sin ningún tipo de disimulo una línea editorial que podríamos resumir en muy pocas palabras: los «esbirros» de Pablo Iglesias no deben pisar moqueta bajo ninguna circunstancia. Sí, miren, este es el tema en realidad, y Pedro Sánchez y el PSOE, en este caso, daños colaterales.

Por encima de la que yo ya he calificado alguna vez de «emergencia social» , que es que Rajoy repita como presidente del gobierno, por encima de la corrupción, de un poder judicial de afinidades excesivamente partidistas, por encima de un ministro del Interior que utiliza de manera ilegal a la policía para espiar a los adversarios políticos a modo de los regímenes más totalitarios, por encima de los recortes, las brutales tasas de paro, la degradación de los servicios públicos, de la miseria a la que se ven abocadas miles de familias… Todo esto da igual en aras del supremo deseo del grupo PRISA de que las gentes de Podemos, que ya goza con algunas de sus franquicias de importantes parcelas de poder local o municipal, no puedan tocar los resortes del Estado.

Da igual incluso que la presidenta del congreso y de las cortes, tercera persona en orden de importancia en el protocolo del Estado –solo por debajo del rey y del presidente del gobierno– haya ridiculizado su alto puesto para ponerse al servicio de su partido, del Ejecutivo y haya señalado como fecha para la investidura aquella que, en caso de nuevas elecciones, nos obligaría a votar la víspera de Sant Estève. ¿Pero a que mente perversa se le ocurre semejante operación?

Es una opción. Es su opción, es legítima e imagino que habrán hecho sus buenos cálculos y habrán entendido que un leve arañazo a las estructuras de poder por parte de Podemos los deja, económicamente, al pie de los caballos. ¿Cuál es pues el problema?

El Comité Federal del PSOE ha mandatado de manera explícita a Pedro Sánchez Castejón para que, de acuerdo con la promesa electoral formulada en infinidad de ocasiones, no facilite una nueva reelección del presidente de un partido investigado por graves delitos. Los de PRISA también saben sumar y la cuenta que hicimos en algún artículo anterior también la han realizado. Con el voto en contra del Grupo Parlamentario Socialista el PP tiene en contra, exactamente, 175 votos y con esa aritmética Rajoy no sale elegido.

A partir de ahí se abren dos únicas posibilidades. Primera:  el rey encarga formar gobierno al Secretario General del PSOE y este intenta buscar síes y abstenciones de todas las fuerzas políticas al margen del PP y, si lo consigue, sale investido presidente, necesariamente con el sustento primordial de Podemos. Dos: nuevas elecciones el 25 de diciembre, ¡Fun, fun, fun! Creo honestamente que esta ocurrencia de Ana Pastor (¿de Ana Pastor?, ¿seguro?) es exactamente lo que parece, una trampa para presionar al PSOE.

Lo de votar el día de Navidad es una propuesta tan hilarante que ni la propia Conferencia Episcopal ha puesto el grito en el cielo. No se lo toma en serio. Y PRISA  lo sabe.

No me parece necesario abundar en la casuística y podemos entrar en materia. De manera paulatina, desde la celebración de las elecciones del 25 de mayo, la inmensa mayoría de los grupos de comunicación de Madrid se han dedicado a presionar hasta la asfixia al PSOE y, en concreto, a su secretario general, para que mediante el mecanismo que se estime se facilite la investidura de Rajoy. Parece que la consigna es unánime: leña al mono hasta que chille.

¿Es legítimo? Sí. ¿Todo lo legítimo es decente? Obviamente, no.

Si somos honestos con nuestra propia memoria podemos recordar que ha habido momentos de nuestra propia historia en que la prensa, el Cuarto Poder, ha contribuido de manera decisiva a la crispación social. La última legislatura de Felipe González, por ejemplo, fue tremenda. Los meses siguientes a aquellos terribles atentados de Madrid, en que un sector de la sociedad se empeñaba en justificar de las maneras más grotescas que el PP hubiese protagonizado la mayor iniquidad que un partido haya podido perpetrar en Europa fueron terribles. Pero tanto en un caso como en otro había un contrapeso, una división de opiniones. Un cierto equilibrio en los mensajes que se trasladaban a la sociedad.

¿Quién defiende hoy a Pedro Sánchez y la decisión del Comité federal del PSOE? ¡NADIE! Esto es lo terrible.

Incluso, desde el propio Partido Socialista, cada vez son más las voces que exigen que se abandone «la intransigencia». ¡Bonito eufemismo que esconde el deseo de facilitar el tercer gobierno de Rajoy! El cada vez más cuestionado Felipe González no esconde sus preferencias y defiende que sea Rajoy y no Pedro Sánchez quien presida el Ejecutivo. Y con toda su dureza, es de los más tibios. ¿Alguien me puede explicar qué hacía José Luis Corcuera en una televisión de extrema derecha hace unos días soltando barbaridades sobre las decisiones de su propio partido?

Conviene recordar, por último que los partidos políticos se presentan a las elecciones con un programa de gobierno y un candidato a la Presidencia. El PSOE, junto con el PSC, se ha ofrecido a la ciudadanía como una opción de gobierno y, en los últimos tiempos, parece que la remota posibilidad de que siquiera pueda intentarlo nos acerca a las invasiones bárbaras con Atila a la cabeza. «Ni se te ocurra intentar formar gobierno, a ver si te va a salir» le dicen. ¿Es esto democrático?

Como indicaba al inicio, leí hoy mismo en el muro de un socialista que «el principal enemigo a abatir es Pedro Sánchez, que como todo el mundo sabe es el responsable de la “pertinaz sequía” y el bicho que pico al tren…».  No parece mal ejercicio de decencia política que alguien saliera a la palestra a defenderlo. No quiero ni pensar en las alternativas.